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NOTÍCIAS DE ARQUEOLOGIA

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Segunda-feira, 15.09.08

El hombre se volvió agricultor 'para beber cerveza y embriagarse'



El hombre se volvió sedentario y agricultor hace unos 10.000 años, dando pie a la llamada revolución del neolítico, "para beber cerveza y embriagarse" y no con el fin prioritario de mejorar o asegurar su alimentación.


Así lo afirma el biólogo e historiador natural alemán Josef H. Reichholf en su nuevo libro 'Por qué los hombres se volvieron sedentarios', que ha salido a la venta en las librerías de este país y en el que explica las causas de la revolución que dio lugar a la formación de pueblos y religiones.


El catedrático de la Universidad Técnica de Múnich considera totalmente errónea la teoría de que la humanidad empezó a cultivar plantas, abandonó la vida nómada y se estableció de manera permanente en un lugar determinado para alimentarse mejor.


"Esa visión habitual confunde causas y consecuencias. Cuando los cazadores y recolectores abandonaron su forma de vida y alimentación tradicional tuvo que darse alguna ventaja inicial", explica el experto, quien subraya que al principio "el cultivo de plantas no trajo consigo ninguna ventaja sobresaliente para la supervivencia".


Añade que las cosechas iniciales eran demasiado reducidas y el cultivo de la tierra muy laborioso, lo que no podía garantizar la supervivencia de un pueblo sólo con la agricultura, y sostiene que el hombre del neolítico continuó cazando y recolectando para subsistir.


En ese sentido califica igualmente de errónea la teoría de que en las primeras regiones de asentamiento sedentario de la humanidad, en la llamada media luna que va de Egipto a Mesopotamia, había poca caza y mucha vegetación.


"Era totalmente distinto", asegura el experto, quien considera que esas regiones eran ricas en caza por lo que no había necesidad de abandonar esa forma de subsistencia y absurda la teoría de que una región pueda ser fructífera y pobre en animales salvajes a la vez.


 


Pan de grano, no; cerveza, si


"Por el contrario yo afirmo que la agricultura surgió de una situación de abundancia. La humanidad experimentó con el cultivo de cereales y utilizó el grano como complemento alimenticio. La intención inicial no era hacer pan con el grano, sino fabricar cerveza mediante su fermentación", señaló Reichholf ante la prensa en la presentación de su libro.


El catedrático muniqués asegura que la humanidad siempre ha sentido la necesidad de alcanzar estados de embriaguez con drogas naturales que "transmiten la sensación de trascendencia, del abandono del propio cuerpo".


En ese sentido, subraya la importancia de los chamanes, que eran quienes conocían los efectos y la dosificación de esas drogas, desde el alcohol a los hongos, pasando por las plantas que se pueden fumar, cuyo uso tenía muchas veces fines rituales en ceremonias de carácter religioso.


La cerveza se puede fabricar con grano de cereal salvaje, del que no se pueden hacer grandes cosechas ni alimentar a un pueblo, afirma el biólogo, quien destaca que la cerveza y el vino fomentan el sentido de unidad de un pueblo o una tribu, pero no garantizan su supervivencia.


Igualmente asegura que el pan no empezó a producirse hasta que la humanidad no fue capaz de cosechar cereales en abundancia, lo que no sucedió hasta milenios después de que se empezara a recolectar cereal salvaje para transformarlo en cerveza. "Además, la facultad de fermentar cerveza no fue algo espontáneo. La humanidad conocía ya con anterioridad la fermentación de la fruta", afirma Reichholf, quien subraya que el hombre primitivo ya sabía hacer vino de uva y otros frutos que recolectaba en la naturaleza.




Fonte: JUAN CARLOS BARRENA (10 Set 2008). EFE.

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por noticiasdearqueologia às 23:17

Segunda-feira, 15.09.08

Chupadores de dinosaurios

Allí sigue, congelado en un pedazo de ámbar. Una fotografía perfecta del Cretácico Inferior. Pero aquella masa boscosa es ahora la cuneta de la carretera de acceso a la cueva de El Soplao, a 80 kilómetros de Santander. El pasado febrero, dos científicas del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) se encontraron en la Sierra del Escudo de Cabuérniga con el que parece uno de los yacimientos de ámbar más importantes de la época, más de 40 millones de años antes de que un meteorito provocara la extinción de los dinosaurios.

El principal interés del ámbar de Rábago es la abundancia de insectos encerrados en esta resina vegetal fosilizada. Los investigadores han analizado sólo algunas piezas recogidas sin más en el desangelado arcén y han encontrado avispas, escarabajos, chinches, moscas, mosquitos chupadores de sangre y otros artrópodos. Casi todos, de especies desconocidas para la ciencia. "Es un yacimiento excepcional, como si alguien hubiera tirado allí kilos y kilos de ámbar", explica, todavía sorprendido, el especialista en insectos fósiles del IGME Enrique Peñalver. Y todavía no se sabe qué hay bajo la tierra. De momento, Peñalver se frota las manos. El Cretácico Inferior es el periodo geológico en el que aparecieron grupos de insectos tan importantes como las hormigas, y Rábago puede despejar muchas incógnitas.

La instantánea tomada por el ámbar en el Cretácico no sólo sirve para describir nuevas especies. También da información sobre su comportamiento. En la resina aparecen hormigas acarreando a sus presas, insectos copulando, telas de araña y, a buen seguro, habrá otras sorpresas. "Un hallazgo increíble sería encontrar una pluma de dinosaurio con un parásito, como un piojo o una liendre. O un pelo de algún mamífero", expone el geólogo. Según el equipo científico, la veta puede contener miles de insectos atrapados en el tiempo.

El hallazgo ha resucitado la fantasiosa idea, reflejada en la película Parque Jurásico, de clonar dinosaurios a partir del ADN encontrado en los mosquitos chupadores de sangre contenidos en el ámbar. Para Peñalver, es absolutamente impensable. El ADN es una molécula que se degrada en seguida y, por otro lado, el ámbar ha conservado en buenas condiciones los exoesqueletos de los insectos, pero no su aparato digestivo. "Además, aunque reconstruyéramos los cromosomas de los dinosaurios, necesitaríamos un óvulo de esa especie para poder clonarlos", sostiene.

El filón de Rábago, en cualquier caso, es una rara avis. Los yacimientos con ámbar del Cretácico Inferior son muy escasos en todo el mundo. Y la presencia de bioinclusiones - insectos, pelos, plumas - es aún más extraña. Además de en varios puntos de Álava y San Just (Teruel), existen depósitos similares sólo en Líbano, Jordania, Reino Unido y Austria. Por ello, el director de la cueva de El Soplao, Fermín Unzúe, cree que se hallan ante "una nueva Atapuerca". Quizá, especulan, esta ingente cantidad de ámbar es el fruto de la acumulación en el estuario de un río tras una tormenta. La solución podría llegar en noviembre, cuando comiencen las excavaciones, que darán trabajo a varias generaciones de investigadores.

En opinión de la geóloga Idoia Rosales, descubridora de la veta de Rábago junto a su colega María Najarro, el estudio de los fósiles encerrados en el ámbar también arrojará luz sobre los cambios climáticos del pasado. Hoy, el entorno de la cueva de El Soplao está dominado por robles, hayas y abedules. Pero, en el periodo Cretácico, la concentración atmosférica de dióxido de carbono, responsable del efecto invernadero, era mucho mayor a la actual y la temperatura pudo ser entre seis y 12 grados superior. Los bosques resiníferos, habitados por dinosaurios emplumados del tamaño de una paloma, estaban poblados por especies de coníferas ya extintas y ginkgos. "Es un poco controvertido, pero algunos investigadores piensan que las burbujas de aire atrapadas en el ámbar nos pueden servir para conocer cómo era la atmósfera de la época", dice con esperanza Rosales. Aire del Cretácico Inferior en el siglo XXI.

La edad del ámbar lo hace, a su vez, idóneo para estudiar uno de los momentos cruciales en la evolución de los ecosistemas terrestres: la aparición de las angiospermas, las plantas con flores. Si alguien viajara en el tiempo a un bosque de hace 110 millones de años, lo primero que le llamaría la atención sería la ausencia de flores. Fue en el Cretácico Inferior cuando las recién nacidas angiospermas, ayudadas por los insectos polinizadores, consiguieron expulsar a los helechos de los bosques.

Hoy, en la cuneta de la carretera de acceso a El Soplao, tampoco hay muchas flores. Dos lonas de unos 100 metros cuadrados tapan el yacimiento y un vigilante de seguridad custodia la zona durante 24 horas al día para evitar la actuación de los expoliadores. Poco después de anunciarse el hallazgo, un grupo de personas intentó llevarse fragmentos de ámbar situados en la ladera. Al ser piezas únicas, con insectos no encontrados en ningún otro lugar del mundo, pueden alcanzar un valor incalculable en el mercado negro. El Parque Cretácico cántabro, prácticamente indefenso, vale ya millones de euros.

Fonte:   Manuel Ansede (11 Set 2008). Público.es

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por noticiasdearqueologia às 23:00

Segunda-feira, 15.09.08

Un calentamiento del clima terrestre acabó con las primeras selvas húmedas del planeta

Varios bosques fosilizados descubiertos en minas de carbón en Estados Unidos constituyen las primeras pruebas prehistóricas de cómo las selvas tropicales son destruidas por el calentamiento global y presagian el futuro del Amazonas.


Es sabido que los depósitos de carbón y de petróleo son los restos petrificados o licuados de los organismos que cubrieron el planeta hace cientos de millones de años, antes incluso del surgimiento de los dinosaurios.

Lo que no es habitual es que una mina albergue vestigios de tal calidad que permitan reconstruir casi por completo cuál era el ecosistema del pasado. Y eso es lo que ocurre en algunos yacimientos de Illinois (EE.UU)., donde investigadores británicos y estadounidenses están sacando a la luz muestras enteras de bosques de hace 300 millones de años.

«Es extraordinario encontrar un paisaje fósil preservado en un área tan vasta», ha afirmado Howard Falcon-Lang, de la Universidad de Bristol, para resaltar la importancia del hallazgo. Algunos de los yacimientos ocupan hasta 10.000 hectáreas en el subsuelo, un tamaño impresionante si se tiene en cuenta que esa es la extensión del madrileño monte de El Pardo y se recuerda que los geólogos suelen encontrar fragmentos de plantas o individuos, no selvas completas.

Según los geólogos, el origen de estos tesoros prehistóricos se debe a seísmos que provocaron grandes corrimientos de tierra que enterraron los bosques al completo y a la rápida acumulación posterior de sedimentos, que los ha conservado intactos.

El equipo de la Universidad de Bristol, el Smithsonian Institute y el Illinoir Geological Survey ha podido reconstruir toda la comunidad de organismos vegetales, con su estr


Varios bosques fosilizados descubiertos en minas de carbón en Estados Unidos constituyen las primeras pruebas prehistóricas de cómo las selvas tropicales son destruidas por el calentamiento global y presagian el futuro del Amazonas.


Es sabido que los depósitos de carbón y de petróleo son los restos petrificados o licuados de los organismos que cubrieron el planeta hace cientos de millones de años, antes incluso del surgimiento de los dinosaurios.

Lo que no es habitual es que una mina albergue vestigios de tal calidad que permitan reconstruir casi por completo cuál era el ecosistema del pasado. Y eso es lo que ocurre en algunos yacimientos de Illinois (EE.UU)., donde investigadores británicos y estadounidenses están sacando a la luz muestras enteras de bosques de hace 300 millones de años.

«Es extraordinario encontrar un paisaje fósil preservado en un área tan vasta», ha afirmado Howard Falcon-Lang, de la Universidad de Bristol, para resaltar la importancia del hallazgo. Algunos de los yacimientos ocupan hasta 10.000 hectáreas en el subsuelo, un tamaño impresionante si se tiene en cuenta que esa es la extensión del madrileño monte de El Pardo y se recuerda que los geólogos suelen encontrar fragmentos de plantas o individuos, no selvas completas.

Según los geólogos, el origen de estos tesoros prehistóricos se debe a seísmos que provocaron grandes corrimientos de tierra que enterraron los bosques al completo y a la rápida acumulación posterior de sedimentos, que los ha conservado intactos.

El equipo de la Universidad de Bristol, el Smithsonian Institute y el Illinoir Geological Survey ha podido reconstruir toda la comunidad de organismos vegetales, con su estructura y sus diversas especies. Además, han hallado superpuestos diversos tipos de bosques, correspondientes a periodos distintos de tiempo. Todo gana importancia científica si se tiene en cuenta que pertenecen a un momento del final del Carbonífero (desde 309 millones a 304 millones de años atrás), en el que la Tierra estaba cubierta por las primeras grandes plantas primitivas, cuando no había aún vegetales con flor.

Los científicos han observado los cambios ocurridos en los ecosistemas de aquella época, constatando que cambiaron desde formaciones boscosas complejas con plantas de hasta 30 metros hasta comunidades simples y ralas de antecesores de los helechos. Coincidió con un calentamiento de la atmósfera, lo que les hace concluir que el cambio climático acabó con las primeras selvas.

Fonte: Pedro Cáceres (12 Set 2008). El Mundo Digital

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por noticiasdearqueologia às 22:54


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